Sigo con mi paso de cubana desbocada, a la que le urge llenar la jaba, y llego hasta los predios de la Embajada de la Federación de Rusia en La Habana. Nunca me ha gustado ese edificio. Parece la torre de control de un aeropuerto o una espada hundida en un costado de esta ciudad. Es tenebroso. Mientras paso a pocos metros de su fea estructura me pregunto qué pensarán en el Kremlin de nosotros. Me imagino a unos rusos hartos ya de sacarle las castañas del fuego a sus camaradas cubanos, pero necesitados también de tener aliados en este hemisferio.
La Habana vista desde "la torre de control"


