El gusano pasó por el chequeo sin contratiempo. El gusano, con la brutal cantidad de tecnología también iba con el único cambio de ropa para él y rollos de papel higiénico, pasó por el chequeo igual que él, rápidamente, con una rapidez que lo sorprendió. Nunca le había sido tan fácil pasar la seguridad en un aeropuerto.
Agarró el gusano y alegremente
rápidamente se dirigió a la salida del aeropuerto donde la custodiaba un joven
negro azabache de uniforme militar verde fosforescente que combinaba tan bien
con su piel.
¿Tiene el ticket de su equipaje? Le explicó al muchacho que
nadie se lo había dado y el joven le dijo serian cinco CUC. Le indicó hacia la pesa en un mostrador. Cambió los dólares que traía y se fue a la
pesa donde pagó los cinco CUC tras haberle pesado el gusano y le dieron el
ticket con el que ahora iba vuelta a la salida.
Entregándole el ticket al joven escucharon un ¡Alto!, el grito salía de un viejo vestido de militar color verde
olivo, salía de una puerta a varios metros, al fondo del chequeo de
equipaje. El muchacho de la puerta rodó
sus ojos hacia arriba y Ricky pensó se me
jodió el viaje.
Ya con ellos en la puerta
de salida Ricky, su corazón disparado por un miedo que se le apoderó, el de los
únicos dos que sitió en el viaje pero el segundo es para luego en el
cuento. El viejo de ejercito verde olivo
llevaba estrellas en los hombros y frondoso bigote canoso en la cara. Su
pasaporte. Al entregárselo Ricky el
viejo revisando sus páginas le pregunta ¿Cuándo
fue la última vez que estuviste en Cuba?
A los seis años, en 1965 cuando con mis padres salimos de Cuba a
España. Ahora el oficial miraba
fijamente a los ojos de Ricky. ¿Y ahora vuelves con esto? Preguntó el
viejo señalando el gusano. Para tal
contratiempo Ricky había tramado un cuento, venía a Cuba para visitar a su tía
en Matanzas. La tía había fallecido unos
meses antes pero ese sería el cuento. ¿Intervención
divina de la Tía Tata? Se le esfumo
entonces el miedo a Ricky y contestó con la sensación de que su tía desde el más
allá le ponía las palabras en la boca. Oficial yo antes de venir para visitar a mi tía en Cárdenas la llamé por teléfono
y le pregunté que quería ella le trajera y ella me contesto a mi no me hace
falta nada aquí, lo único que me hace falta es que tú vengas.
Tras la respuesta el viejo oficial se disparó con el pasaporte hacia la puerta donde había salido con su grito. Pasaron unos diez minutos que para Ricky se le hacían eternos, volvía a su mente se me jodió el viaje. Pasaron unos diez minutos y el viejo regreso tan serio como lo había estado devolviéndole a Ricky su pasaporte y acto seguido el oficial se largó sin decir una palabra. El joven negro en la puerta de salida ahora sonreía diciéndole a Ricky asegurándose ya el viejo oficial lejos, desaparecido, ¡Tremendo estúpido. Bienvenido a Cuba! Los dos se rieron. Gracias mi hermano le dijo al muchacho en lo que con el dichoso gusano salía del aeropuerto. Habana… se dijo.



















































