No hay manera de que Marco Rubio, secretario de
Estado de la actual administración republicana, conserve su carrera política si
no hace leña del árbol caído de la Revolución cubana.
No hay manera de que Donald J. Trump no termine en
un juzgado tras las elecciones presidenciales de 2028, si su legado no es poner
punto final al criminal pataleo del castrismo sin Castro.
Cada vez que nos apartamos de nuestro buen vecino (o
villano vil), más temprano que tarde saltamos de la tutela a la tiranía. Cubanus Cubano lupus. Solo las pocas veces en que
buscamos amparo en las entrañas del monstruo hemos tenido un atisbo de
soberanía ciudadana.
Ya veremos cuánto nos dura la democracia importada
en este nuevo ciclo.
‘Deal’, no diálogo