Hacer la visita
era el gran pasatiempo de los exiliados cubanos hace seis décadas. Para los cubanos de la diáspora de bajos
recursos que éramos la mayoría visitar amigos y familiares, haciendo la visita
no afectaba bolsillos y se hizo la costumbre casi siempre sin avisar a quien se
visitaba casi siempre en los fines de semana cuando los adultos no estaban en
la factoría, hotel o restaurante y los niños en la escuela. Casi siempre la visita en un edificio de
apartamentos o de vez en cuando en alguna casa.
Los muebles en dichos hogares, butacas, sofás y demás, cubiertos de
aquellos plásticos transparentes en vogue
de aquellos años. Se hizo viral en las
visitas ofrecer coctel de fruta con cottage
cheese. Los adultos tomaban jaibol o
cerveza hablando de Cuba, de que el próximo
año allá y los niños con refresco eso sí, si se les ofrecía porque como me decían
mis padres y padres de menores entonces, cuidado
como se te ocurra pedir algo y o
pedir ir al baño cosas así.
Carol City. Fue al año de llegar a Miami que mis tíos y
primos llegaron por los Vuelos de la Libertad que al llegar los nombres de sus
pasajeros se anunciaban en la radio cubana de Miami. Mis padres y yo fuimos los primeros en llegar
a Miami, nosotros por España, después por los Vuelos mis tíos y primos, después
todos de mi familia que mi madre dándoles el parole trajo de Cuba. Fueron
mis tíos los primeros que vinieron después de desde España mis padres y yo quienes
a principio de los Setenta compraron casa en Carol City, zona que tuvo un boom
entonces por los bajos precios de las casas allí que las habitaban negros americanos
y cubanos que por cierto los barrios, las cuadras eran de afroamericanos o de
cubanos generalmente blancos. No creo
que aquella segregación fue forzada, se dio suis
generis. La casa de mis tíos como
las demás en Carol City modesta pero con patio y frente cercado con aquellas
cercas chain link de entonces.
Ir de visita a casa de mis tíos en Carol City se hizo la costumbre
pronto y para mí de tremendo alivio porque ahora podía pedir, ir al baño, jugar
con mis primos. Igual la costumbre
pronto de hacer la visita a casa de mis tíos en Carol City para el resto de
nuestra familia y aquella casa entonces siempre llena de los míos y vecinos de
mis tíos. Haciendo la visita un día
acompañe a Alberto el esposo de prima para mandados en el supermarket cerca de donde vivían mis tíos. Saliendo del supermercado Alberto me señaló
una adolescente americana blanca pelirrubia, hace rato te tiene puesto los ojos.
Yo ni idea y sí la americanita me llamó la atención. Ve y háblale
insistió Alberto. Cogí la valentía que
pude y fui hacia la muchacha. Me
introduje creo primero y conversamos poco no recuerdo de qué. Al despedirnos me paso su número de teléfono escribiéndolo
con tinta sobre la piel de una de mis manos.
Hechizado quede y quede en hacerle la visita. En aquellos tiempos mis padres y yo vivíamos en
la Pequeña Habana e ir a Carol City era como ir a otro condado de la
Florida. El transporte público entonces
tan malo como el de ahora y no como ahora yo con mis bolsillos vacios. Y entonces nunca le hice la visita.