martes, 24 de marzo de 2026

Abdala nunca entró en ese juego cobarde y demagógico; sabíamos claramente que el enemigo de mi enemigo no es mi amigo, y que Pinochet, Videla y los demás regímenes militares, en su brutalidad y salvajismo, tenían mucho en común con la nomenclatura (no olvidemos que es militar) del castrismo. Eran antidemocráticos, fascistas. El tiempo pasa y las circunstancias cambian o no cambian en absoluto.: Alejandro Anreus

 ¿Ha regresado la democracia a Venezuela, con todos los derechos de una sociedad civil, total libertad de prensa, sindicatos libres y sin presos políticos? ¿Se han establecido los necesarios procesos de justicia con los torturadores que sirvieron y siguen sirviendo al régimen? ¿Es esto lo que le espera a Cuba? No hay paz sin justicia.

El exilio cubano continúa en su perenne y extrema confusión: o bien tontos útiles que vuelan a La Habana, abrazan a Díaz-Canel y aplauden un socialismo que nunca ha existido, o bien trumpistas alucinados, que olvidan la traición de Ucrania, la «amistad» con Vladimir Putin, el maltrato a inmigrantes indocumentados y otros exiliados políticos, con quienes deberíamos ser solidarios. Y estos exiliados cubanos aún esperan que «los estadounidenses» resuelvan «el problema de Cuba».

En la encrucijada cubana: El enemigo de mi enemigo

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