Luis Manuel Otero Alcántara salió tras cinco años de prisión política denunciando a la dictadura con la imagen del «macho abusador»: un secuestrador de 9.4 millones de personas que exige remesas, comida, ayuda humanitaria a cambio de no matar a sus rehenes, mientras la comunidad internacional, año tras año, se la entrega casi sin resistencia. Es una imagen dura, pero exacta.
Sin embargo, lo que generó ruido no fue esta denuncia. Generó más ruido
una transmisión informal con el exprisionero plantado Ángel de Fana, después de media
década sin vida social, sin filtros que reconstruir, con una mente que,
cualquiera con sentido común lo entendería y hasta él mismo lo admite, salió de
esa prisión trastornada. No hace falta ser psiquiatra para saber que nadie
atraviesa un trayecto como ese y sale intacto.
Atenas, no Esparta: Luis Manuel Otero Alcántara y la indignación selectiva del exilio cubano

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