martes, 4 de agosto de 2026
Opto por quedarme en casa. La próxima madrugada es brutal. La fiebre escala, pero ya conseguí un termómetro y puedo medirla; los escalofríos se hacen más intensos y aparecen nuevos síntomas muy molestos, como las diarreas. No tengo nada de apetito, pero me obligo a tomar toda el agua que pueda, a pesar de que duele muchísimo tragar y las náuseas tampoco facilitan la hidratación. En medio de la oscuridad y el calor del apagón, que ya no siento por obra y gracia de los 39 grados que ha superado mi cuerpo, me pongo a pensar en otros pacientes paralelos, pero en condiciones diferentes.: Yoani Sánchez
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