sábado, 5 de febrero de 2011

La organización anticastrista que termino como todas las demás del Exilio: Primera traición

Ya habíamos pasado por el hundimiento del Sundown II, que en efecto puso fin a las flotillas. Se puede argumentar todo lo que se quiera lo contrario, pero la verdad es que con el hundimiento, sabotaje perpetrado desde La Habana en mi opinión y en la de muchos que protagonizamos aquello, con el hundimiento del Sundown II como decía, se acabaron las flotillas. Ese era el objetivo del sabotaje que cobró una vida, acabar con aquella idea de los exiliados regresar a Cuba por mar en flotilla.
Ya habíamos pasado también por la debacle de Concilio Cubano, la organización anticastrista que termino como todas las demás del Exilio fue su principal anfitrión en el exterior de Cuba, ya también había pasado el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. El enemigo nos hacia la guerra en full.
Ya por algún tiempo varios del Ejecutivo de nuestra agrupación, encabezados por nuestro delegado, venían con la idea de buscar fondos federales para financiar nuestra lucha. En la organización anticastrista que termino como todas las demás del Exilio nos la pasábamos regateando por las calles buscando donaciones, pues siempre estábamos a punto de perder nuestro local en la Calle Ocho, no podíamos pagar la luz, no podíamos pagar el teléfono… ¡De pinga era aquello! Así y todo, muchos de nosotros teníamos bien claro que recibir ayuda de la Administración Clinton o cualquier administración o gobierno, significaría acabar con nuestra independencia y estaríamos obligados a rendir cuentas a otros.
Las discusiones sobre pedirles ayuda financiera a los americanos se volvían cada vez más campales, y nuestras guerras intestinas llegaron un día a su clímax. Ese día recibo una llamada de uno de los del Ejecutivo de la organización anticastrista que termino como todas las demás del Exilio. “Es urgente que vayas al local ahora mismo” me dijo con voz agitada. Cuando llegue al lugar ya muchos de nuestros miembros estaban allí. Una escena dantesca. El delegado junto a la facción, llamémosle Pro-fondos federales, habían saqueado nuestra oficina. Se lo llevaron todo, hasta el enorme letrero plástico que rezaba nuestro nombre. Los americanos habían dicho que si. La facción Pro-fondos federales había pedido el dinero a espaldas de la membrecía.
Lo que le siguió al acto vandálico fue una lucha por el nombre de la agrupación y el primer desprestigio de dicha, su primera traición.

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