«Yo lo sigo diciendo… si [la
persona] entró al país en los últimos cinco años tampoco puedo hacer nada»,
reconoció Salazar en una entrevista con el programa Al Punto de Univisión 23, el fin de semana del 4 de julio.
La admisión opera como un revulsivo para
cientos de miles de cubanos con I-220A (Order of Release on Recognizance), el estatus
migratorio más vulnerable frente a la política de deportaciones aceleradas de
Donald Trump. Salazar los había defendido con vehemencia durante la gestión de
Joe Biden; sin embargo, el retorno de Trump a la Casa Blanca atemperó su
beligerancia, reduciendo su apoyo a expresiones ocasionales de aliento dentro
de una calculada ambigüedad retórica y legal.
De
hecho, su propia Ley Dignidad de 2025 (H.R. 4393) dividía prácticamente a la
mitad a los cubanos con I-220A que hoy viven en un sobresalto migratorio: de un
lado, los contemplados en la propuesta jurídica; del otro, los abandonados a su
suerte.
Se
estima que entre 450 mil y 500 mil cubanos fueron admitidos en el país con el
I-220A durante la administración Biden.
En términos prácticos: en caso de aprobación, el plan de
Salazar legalizaría a unos 250 mil cubanos, mientras una cifra estimada entre
180 mil y 250 mil (que arribaron después del 31 de enero de 2023) quedarían
excluidos de facto de cualquier posibilidad de regularización.
Ni
antes ni después los cubanos con I-220A tuvieron una oportunidad mejor.
Hace
unas semanas, los tres congresistas de Miami volvieron a cerrar filas. Esta vez
votaron a favor de una legislación que otorgó unos $70 mil millones para
financiar el Departamento de Seguridad Nacional y la ofensiva de deportaciones
masivas de Trump. Con su respaldo directo, ICE recibió $38.500 millones,
mientras otros $26.000 millones fueron asignados a la Oficina de Aduanas y
Protección Fronteriza.
Para
entonces, ICE había convertido a Miami en la capital nacional de las
detenciones de inmigrantes, con más arrestos que ninguna otra ciudad de su
tamaño en Estados Unidos. Ahora las patrullas de guardias encapuchados se han
incrementado todavía más. Están en vecindarios de Homestead, la Pequeña Habana,
Doral, Kendall y Hialeah.
Pero
nadie ha escuchado una sola palabra de Salazar, Díaz-Balart y Giménez.
Salazar a los I-220A: No puedo hacer nada por ustedes

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