martes, 9 de junio de 2026

Haciendo la visita

Hacer la visita era el gran pasatiempo de los exiliados cubanos hace seis décadas.  Para los cubanos de la diáspora de bajos recursos que éramos la mayoría visitar amigos y familiares, haciendo la visita no afectaba bolsillos y se hizo la costumbre casi siempre sin avisar a quien se visitaba casi siempre en los fines de semana cuando los adultos no estaban en la factoría, hotel o restaurante y los niños en la escuela.  Casi siempre la visita en un edificio de apartamentos o de vez en cuando en alguna casa.  Los muebles en dichos hogares, butacas, sofás y demás, cubiertos de aquellos plásticos transparentes en vogue de aquellos años.  Se hizo viral en las visitas ofrecer coctel de fruta con cottage cheese.  Los adultos tomaban jaibol o cerveza hablando de Cuba, de que el próximo año allá y los niños con refresco eso sí, si se les ofrecía porque como me decían mis padres y padres de menores entonces, cuidado como se te ocurra pedir algo y o pedir ir al baño cosas así. 

Carol City.  Fue al año de llegar a Miami que mis tíos y primos llegaron por los Vuelos de la Libertad que al llegar los nombres de sus pasajeros se anunciaban en la radio cubana de Miami.  Mis padres y yo fuimos los primeros en llegar a Miami, nosotros por España, después por los Vuelos mis tíos y primos, después todos de mi familia que mi madre dándoles el parole trajo de Cuba.  Fueron mis tíos los primeros que vinieron después de desde España mis padres y yo quienes a principio de los Setenta compraron casa en Carol City, zona que tuvo un boom entonces por los bajos precios de las casas allí que las habitaban negros americanos y cubanos que por cierto los barrios, las cuadras eran de afroamericanos o de cubanos generalmente blancos.  No creo que aquella segregación fue forzada, se dio suis generis.  La casa de mis tíos como las demás en Carol City modesta pero con patio y frente cercado con aquellas cercas chain link  de entonces.  Ir de visita a casa de mis tíos en Carol City se hizo la costumbre pronto y para mí de tremendo alivio porque ahora podía pedir, ir al baño, jugar con mis primos.  Igual la costumbre pronto de hacer la visita a casa de mis tíos en Carol City para el resto de nuestra familia y aquella casa entonces siempre llena de los míos y vecinos de mis tíos.  Haciendo la visita un día acompañe a Alberto el esposo de prima para mandados en el supermarket cerca de donde vivían mis tíos.  Saliendo del supermercado Alberto me señaló una adolescente americana blanca pelirrubia, hace rato te tiene puesto los ojos.  Yo ni idea y sí la americanita me llamó la atención.  Ve y háblale insistió Alberto.  Cogí la valentía que pude y fui hacia la muchacha.  Me introduje creo primero y conversamos poco no recuerdo de qué.  Al despedirnos me paso su número de teléfono escribiéndolo con tinta sobre la piel de una de mis manos.  Hechizado quede y quede en hacerle la visita.  En aquellos tiempos mis padres y yo vivíamos en la Pequeña Habana e ir a Carol City era como ir a otro condado de la Florida.  El transporte público entonces tan malo como el de ahora y no como ahora yo con mis bolsillos vacios.  Y entonces nunca le hice la visita.                

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